jueves, 16 de octubre de 2008

La soledad del que de verdad ayuda

Hoy, cuando volvia del trabajo, me he acordado de Mari, una señora que lleva muchos años alimentando gatos en un camping de un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme. Al principio eran poquitos los animales que estaban por allí, y con el sueldo de su marido podia costearse la comida para alimentarles, sin embargo, y como todos los que conocemos este mundo sabemos, la colonia comenzo a duplicarse, triplicarse... y comenzaron a ser demasiados a alimentar. Mari decidio que para sacar el dinero para la comida debia ponerse a trabajar, y fue entonces cuando también tuvo que aprender a conducir para no depender de nadie a la hora de atender a sus gatitos. Dos veces por semana, ella sola, de noche, llueva, nieva, haga sol o haga frio, coge su coche de segunda mano, lo carga de la comida que ha tenido que pagar con su escaso sueldo y se marcha al camping retirado de la ciudad a mimar a sus pequeños.
Ella esta sola, a su lado ha tenido compañeras que la han dejado abandonada en cuanto han visto lo sacrificado que era ese tema, pero ella no ha decaido. Sigue trabajando, y mientras tenga fuerzas, seguirá visitando y cuidando a los gatos.
Pero yo me pregunto las veces que en la soledad del camino oscuro de ida y vuelta, ella no ha necesitado a alguien que la echara una mano o que le diera una palmadita en la espalda para seguir adelante. Seguro que alguna voz amiga habrá tenido, pero lo que la hace seguir adelante, sin decaer, con aliento a pesar del cansacio, son los ojitos de todos esos gatitos agradecidos que la esperan pacientemente cada semana y cada día.
Puede que ahora este sola en ese camino, pero estoy segura de que en un futuro nos encontraremos todos los que hacemos cosas como ella en el cielo, pero no en el de los humanos, sino en el de los gatos. Y allí, nadie va a pasar hambre, frio o calamidades.
Entonces, todos, los que pasan hambre y los que intentamos que no lo pasen con las dificultades que conlleva, estaremos felices.
Un beso, mari.

5 comentarios:

cuentosbrujos dijo...

Hubo un tiempo que me hubiese gusado contar cuentos, ahora los pejeño sobre el papel, , interesante tu narrativa fluida

Sara dijo...

Que bonito comienzo de blog, gracias por tu visita y seguro que me uno a este principio de proyecto, te comentaré, será un gusto, si tienes a bien recibirme, nos vemos...y que te cobijes siempre bien, que bonito"la calle no es lugar para nadie"

Un abrazo

Azuquita dijo...

Cuentabrujos, bienvenido a mi narrativa, espero verte por aqui para compartir tus cuentos y mis realidades.
Sara, claro que tengo a bien recibirte, bienvenida, tus palabras me alientan.

Un abrazo a ambos.

estela dijo...

Hola azuquita, me encanta tu bloc,
tb me gustan los gatos, en mi barrio hay un monton, por los jardines.
Yo antes los daba de comer, conocí a una gatita negra preciosa la puse de nombre golosina, siempre andaba por mi calle, tan feliz, la llamaba y venia, sabia lo q la esperaba, una latita de comida, me la quise subir a casa un monton de veces pero mi pareja no queria gatos, un dia ella tuvo gatitos negros igual de bonitos q ella, y sin mas no la volví a ver, ni a us gatitos tampoco. Con el tiempo deje de salir a la calle con latitas de comida, puede ser hora de retomarlo verdad!

Azuquita dijo...

Estela, yo creo que es buena hora para retormar esos buenos hábitos. Somos muchas más de las que nos creemos las que ayudamos en soledad, porque de otro modo no se puede, y ellos lo agradecen.
En mi barrio hay una chica que hace lo mismo, y yo la ayudo en lo que puedo. Y estoy segura de que en todos los barrios existe esa loca solitaria que baja a dar de comer a los gatos o recoge animalillos heridos. Lo que no saben los demás es que no estamos locas, sino demasiado cuerdas.
Un beso.